UA-89125261-1 UA-89192466-1
La versión de su navegador no está debidamente actualizada. Le recomendamos actualizarla a la versión más reciente.

En este apartado os recomiendo las siguientes lecturas:

 

 JULIO 2017

Aspectos motivacionales en el personal de emergencias

Motivational aspects in emergency staff

 
 María Dolores Pujadas-Sánchez, Francisco Javier Pérez-Pareja, Alfonso Palmer-Pol
Universitat de les Illes Balears.
 
En este trabajo se pretende analizar la relación existente entre los aspectos motivacionales dentro de un contexto laboral complejo, como es el área de las emergencias, y los problemas derivados del mismo que pudieran afectar a la seguridad y salud laboral. El objetivo principal es determinar un perfil profesional respecto a la motivación que subyace en la elección y permanencia del personal de emergencias en función de variables sociodemográficas tales como sexo, edad, nivel de estudios alcanzados, rama profesional y antigüedad en la institución. Para ello se ha utilizado un cuestionario motivacional, considerando los aspectos más destacados de algunas teorías y estudios revisados sobre las variables implicadas en el contexto organizacional, tales como el trabajo en equipo, la toma de decisiones, el riesgo, el reconocimiento social y la permanencia en la institución, entre otras. Los resultados de esta investigación apuntan a un perfil según el cual las mujeres y los más jóvenes (sean hombres o mujeres) destacan en la elección de respuestas que contemplan conductas de mayor riesgo y los de mayor antigüedad en la elección de respuestas relacionadas con la toma de decisiones.

El propósito del presente trabajo era revisar o proponer un perfil profesional de emergencias en base a las respuestas autoinformadas relativas a la motivación, especialmente las que se dirigen a las condiciones del trabajo y la tarea, al riesgo, al trabajo en equipo, la implicación y el reconocimiento social en el contexto organizacional, mostrando al mismo tiempo algunos de los estudios realizados con profesionales de fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, personal de emergencias y ejército.

Teniendo en cuenta las características generales de la muestra, como dato de interés se observa que hay mayoría de hombres, un 63.0%, frente a un 36.7% de mujeres, una media de edad de 40 años y una antigüedad de más de 10 años.

En función de las diferentes categorías de la rama profesional, parece que la mayor parte de la muestra se concentra en tareas de intervención directa o inmediata en situaciones de emergencia (50.83%). Evidentemente, el área de seguridad/emergencias constituye básicamente una labor de intervención directa e inmediata con diferentes niveles de mando, a nivel asistencial en general y asistencia sanitaria en particular, en la cual se integra la asistencia psicológica. Con respecto al nivel de estudios, la mayoría tienen estudios de bachiller (38.3%) y universitario (37.5%).

Por otra parte, tal como se comentó en los resultados, los intervinientes con mayor antigüedad (sinónimo de mayor experiencia acumulada) mostraron mayor tendencia hacia la toma de decisiones. Según vimos en el cuadro de las características generales de la muestra, el número de intervinientes con antigüedad superior a 10 años (39.2%), seguidos de los que tienen una antigüedad entre 6 y 10 años (32%), representa más del 60% de la muestra, por lo que el 40% restante son los de menor antigüedad. Estos datos parecen indicar que, en la totalidad de la muestra, a mayor antigüedad, mayor tendencia a tomar decisiones.

Cabe mencionar que, en la mayoría de ocasiones, la propia operativa de emergencias “obliga” al personal a tomar decisiones rápidas y eficaces con objeto de salvar vidas, lo que a su vez implica un potencial riesgo para sí mismo y para los demás. Así pues, la toma de decisiones es una tarea implícita en el personal de emergencias, si bien las personas con mayor antigüedad estarían más familiarizadas con esta tarea. A lo largo del tiempo, el factor antigüedad podría ejercer una función protectora de la salud laboral. Esto se explicaría por el mayor tiempo y grado de exposición, lo cual podría traducirse en mayor grado de desensibilización hacia cualquier tipo de decisión o actuación, incluso tener que abandonar el escenario de intervención para salvaguardar la propia vida.

En un estudio realizado por Assunçao Ferreira (2013) con una muestra de bomberos se encuentran resultados similares. Tienen mayores puntuaciones medias los intervinientes con mayor antigüedad (mayor experiencia acumulada) en las respuestas para hacer frente a situaciones adversas, bien sean conductas de aproximación o de evitación.

La literatura sobre motivación del personal de emergencias, soldados y militares españoles destaca que la experiencia, el autocontrol y el proceso cognitivo sobre las expectativas se presentan como variables moduladoras en la toma de decisiones, considerada esta una de las tareas primordiales en emergencias (Lazarus, 2000, 2006; López-Araujo, Osca y Peiró, 2007; López-Araujo, Osca y Rodríguez, 2008). La mayoría de estos autores coinciden en que la experiencia aparece como un elemento protector ante situaciones adversas, además de factores personales y de otra índole. Por otra parte, si la edad límite de incorporación en la mayoría de Instituciones oscila entre los 26-28 años, los más jóvenes o recién incorporados, independientemente del sexo, presentarían menor experiencia acumulada, si bien esto no ha sido contrastado.

Por el contrario, un estudio realizado por Alexander y Klein (2001) cuestiona que la experiencia acumulada facilite una mayor capacidad para hacer frente a situaciones adversas. Según manifestaron algunos intervinientes, la experiencia había sido útil al principio, pero a medida que pasaba el tiempo se volvía en su contra. El propio Klein explica que esta contradicción podría estar relacionada con el hecho de que los más expertos, en comparación con los menos experimentados, no quieren reconocer la presencia de síntomas emocionales negativos, lo que podría enmascarar sus carencias y las necesidades de apoyo real.

Siguiendo con algunos de los datos de los resultados, las mujeres, los intervinientes más jóvenes y los de menor antigüedad (hombres o mujeres) mostraron un mayor grado de interés en la idea de experimentar nuevas sensaciones. Recordemos que los intervinientes con menor antigüedad (entre 1 y 5 años de antigüedad y recién incorporados) representan el 30% de la totalidad de la muestra, por lo cual resulta complejo justificar que la idea de experimentar nuevas sensaciones tenga mayor representación en el grupo de intervinientes de menor antigüedad.

Sin embargo, si comparamos los diferentes tamaños del efecto respecto al coeficiente de contingencia (C), en las variables sexo (.28) y antigüedad (.38) y el tamaño del efecto (η2) en la variable edad (.09),  se observa una mayor relevancia en la variable antigüedad.

Estos resultados podrían confirmar que los recién incorporados, con antigüedad inferior a 1 año y también los de antigüedad entre 1 y 5 años (suponiendo que la menor antigüedad vaya asociada a los más jóvenes, sean hombres o mujeres), tienden a mostrar mayor interés en experimentar nuevas sensaciones. Por una parte, esto podría indicar una elevada motivación hacia el contexto de las emergencias, como parte integral de una tarea dinámica y cambiante, si bien en el lado opuesto sería conveniente considerar otras motivaciones de índole personal que pudieran devenir en conductas disfuncionales, entendidas como situaciones de riesgo innecesario.

Respecto a la variable sexo, sin menoscabo de las anteriores indicaciones, la reciente incorporación de las mujeres al área de emergencias (tradicionalmente desarrollada por hombres), podría justificar su interés hacia este campo laboral.

A su vez, estos datos en su conjunto nos remiten al trabajo realizado por González Serra (2008) sobre la motivación reactiva, propia de la adolescencia y juventud, frente a la motivación no reactiva, propia de etapa adulta. En el primer caso es necesario diferenciar el interés por la novedad de la situación frente a posibles conductas o rasgos personales relacionados con la madurez emocional que pudieran poner en peligro la operativa de la intervención.

En esta línea cabe señalar que los profesionales y voluntarios de emergencias con menor antigüedad (supuestamente los más jóvenes) mostraron mayor grado de aceptación del riesgo. La variable “asumir situaciones de mayor riesgo” podría estar modulada por la “necesidad” o “urgencia” de la situación, ya que el tipo de respuesta elegida estaría basada en una realidad cuya meta u objetivo fundamental sería “salvar vidas”.

En este sentido, las situaciones de riesgo se pueden entender como un reto o desafío para los recién incorporados (Locke y Latham, 1985), pero también podrían indicar rasgos personales patológicos que pudieran provocar situaciones de riesgo innecesario tanto para el interviniente como para la operativa de emergencias.

Al respecto se puede observar cierto paralelismo entre el “interés por experimentar nuevas sensaciones” y “asumir situaciones de mayor riesgo” en los intervinientes con antigüedad inferior a 1 año y también en los de antigüedad entre 1 y 5 años. A pesar de que esta franja apenas representa el 30% de la totalidad de la muestra, estos datos nos aportan información importante sobre el perfil motivacional del personal de emergencias.

Analizando las variables motivacionales –¿le atrae la idea de trabajar en equipo? y ¿prefiere ejecutar órdenes recibidas de un superior?– la ausencia de relación significativa en función de las variables sociodemográficas nos sugiere que las dos variables mencionadas están implícitas en la dinámica de intervención en emergencias. Dicho de otra forma, la operativa en un suceso crítico requiere el esfuerzo coordinado del equipo y la ejecución de la tarea en base a una estructura con diferentes niveles de mando y el rol asignado a cada uno de los intervinientes.

Sin embargo, en el análisis del resto de variables –¿se siente implicado en el trabajo que realiza en la Institución? y ¿siente que su trabajo es reconocido socialmente?– la ausencia de relación significativa en función de las variables sociodemográficas nos sugiere diferentes planteamientos.

Por una parte, el hecho que la variable rama profesional –en sus categorías intervención directa y rama sanitaria– esté vinculada a las emergencias por el hecho de atender a los afectados de primer grado (o afectados directos) podría indicar que este grupo de intervinientes está más familiarizado con la situación crítica, presentando mayor control y/o desensibilización respecto al resto de categorías –administrativa y profesiones liberales– o afectados de tercer grado. Por el contrario, entre otros factores, podría indicar un elevado grado de motivación intrínseca o vocación de servicio, así como determinados rasgos de personalidad, por encima del reconocimiento social, si bien estos planteamientos no han sido contrastados. En cualquier caso, cabe mencionar que entre los profesionales y voluntarios de emergencias se valoran una serie de actitudes y aptitudes, tales como la vocación de servicio, la resistencia a la frustración, la resistencia a la fatiga, la toma de decisiones, las habilidades sociales y las habilidades de comunicación, entre otras.

Relacionado con lo anterior, los trabajos de Sánchez Carbajal (2006) otorgan especial relevancia a la satisfacción laboral como medio para contribuir al desarrollo personal y organizacional. De igual forma, los trabajos realizados por López-Araujo et al. (2007) con una muestra de soldados profesionales españoles sobre la implicación en el trabajo destacan que la motivación ejerce una función mediadora entre el estrés y la satisfacción laboral.

Respecto a la variable nivel de estudios en sus diferentes categorías –ESO, bachillerato, universitario y postgrado– la ausencia de relación de esta con las variables motivacionales nos sugiere que los incentivos salariales podrían estar asociados a niveles de mayor responsabilidad o liderazgo, relacionado con mayor estatus y motivación extrínseca, si bien es una mera especulación abierta a futuras investigaciones.

En el lado opuesto a la motivación intrínseca, Luna-Arocas (2002) destaca el concepto multidimensional de la motivación de logro, diferenciando aspectos socioeconómicos, competitividad y liderazgo, que ofrecen puntuaciones medias superiores en los hombres respecto a las mujeres. En el citado estudio, los participantes de entre 30 y 44 años se decantaron por el estatus en la organización y la excelencia en el trabajo, considerados aspectos extrínsecos del mismo.

Analizados estos datos, cabe mencionar que los mayores inconvenientes del estudio vienen propiciados por la propia naturaleza de la muestra, entre los que cabe destacar la diferente procedencia de los estamentos civiles y militares en tareas de emergencias y la heterogeneidad de la misma, siendo la mayoría de intervinientes hombres. Aun así, la representación de mujeres en la muestra, un 36.7%, en comparación con otros estudios similares, es notable. Por otra parte, a pesar de haber recogido un mayor número de respuestas online que en papel, las exigencias y la inmediatez de la tarea en profesionales de intervención inmediata, junto a la reticencia de responder a determinados ítems, ocasionó un gran número de abandonos.

Al respecto, con objeto de obtener una mayor adhesión a la cumplimentación de los cuestionarios e inventarios y evitar posibles sesgos, tales como deseabilidad social o el falseamiento de datos, no se tuvo en cuenta la institución o cuerpo de pertenencia. Al mismo tiempo, se tomó esta decisión pensando en el posible rechazo o reticencia de la muestra, ya que podría darse un agravio comparativo entre los diferentes Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado (por ejemplo, entre policía local y nacional).

Por nuestra parte, queremos insistir en la importancia de la vigilancia y aplicación de todas las medidas relativas a salud y seguridad laboral, especialmente las dirigidas al riesgo psicosocial en el trabajo. Las instituciones tienen el reto de motivar a los intervinientes sobre una serie de aspectos clave contemplados en la cultura y la moral organizacional, poniendo a su disposición todos los elementos y recursos necesarios para desarrollar su tarea de forma segura y eficaz. Entre los medios y recursos nuestra propuesta es el entrenamiento continuado en escenarios de potencial riesgo y simulacros con objeto de minimizar y controlar la ansiedad en situaciones y escenarios reales.

Cabe recordar que la motivación es lo opuesto a la rutina y al agotamiento emocional [burnout]. El hecho de otorgar mayor autonomía [empowerment] y mayor enriquecimiento a la tarea [job enrichment] como factor de motivación intrínseca del trabajo, toda vez que el personal de emergencias disponga de la formación y entrenamiento necesario, incide de forma positiva sobre la autoestima y el rendimiento personal, en el mismo sentido descrito por Katzenbach y Smith (1995).

Por último, el análisis de estos datos ha puesto de manifiesto la necesidad de seguir indagando en las diferentes motivaciones personales encaminadas a formar parte de los servicios de emergencias, entre las cuales figura el estudio de rasgos personales o desajustes emocionales, que pudieran poner en riesgo la seguridad de la persona, del equipo o de la intervención, especialmente en los más jóvenes y recién incorporados (sean hombres o mujeres).

 

JUNIO 2017

Variables predictoras de la adicción al trabajo (workaholism)

María José Serrano-Fernández, Joan Boada-Grau, Carme Gil-Ripoll y Andreu Vigil-Colet

Universitat Oberta de Catalunya, Universitat Rovira i Virgili, EADA, Business School

 

 A nuestro alrededor, cada vez hay más personas que dedican demasiado tiempo al trabajo, esto afecta a muchos ámbitos de sus vidas (relaciones sociales, felicidad, salud, etc.), no es una situación nueva, sino que ya fue descrita en 1968 por Oates, quien la denominó workaholism (adicción al trabajo). Diversos autores nos definen un adicto al trabajo como una persona que, debido a causas internas, se siente impulsada a trabajar sintiéndose culpable si no lo hace. Estas personas, presentan varios patrones de conducta característicos como: pasar excesivo tiempo en el trabajo con las actividades intrínsecas que conlleva el mismo, produciendo consecuencias negativas en su desarrollo social, familiar y de ocio; tener muchas expectativas en su trabajo, más allá de los requerimientos del mismo y de sus necesidades económicas; dedicar al trabajo más energía de la necesaria; la persistencia y la frecuencia que tienen en su trabajo hacen que piensen en él aunque estén fuera del mismo.

En nuestro estudio (Serrano-Fernández, 2014), comprobamos si a través de determinadas variables podemos predecir esta adicción, teniendo en cuenta que otros autores han encontrado relación entre la adicción al trabajo y el tipo de personalidad, también se ha determinado que una alta involucración en el trabajo, junto con altas puntuaciones en rasgos obsesivo-compulsivos parece llevar hacia la tendencia a trabajar innecesariamente.

Algunos autores, también relacionan positivamente la adicción con el engagement, aunque constituyen dos conceptos diferentes debido a que la adicción al trabajo tiene consecuencias negativas y el engagement las tiene positivas en términos de bienestar y rendimiento. Por ese motivo, en las empresas deberíamos prevenir la adicción y estimular el engagement. También la relación entre trabajo, autoeficacia y adicción al trabajo es positiva, y como la autoeficacia genera bienestar, unos altos niveles de autoeficacia podrían estar relacionados con altos niveles de adicción al trabajo.

En lo que se refiere al estilo de vida de los trabajadores adictos, su estado positivo aumenta más cuando pasan tiempo realizando deporte y ejercicio físico, que cuando pasan tiempo en actividades relacionadas con el trabajo. Algunos autores encontraron que altas puntuaciones en driven reducían el equilibrio entre la vida laboral y la satisfacción con la vida, pero mejoraban el rendimiento de los empleados. Mientras que el disfrute por el trabajo (work enjoyment) se asoció positivamente con la satisfacción vital. Relacionándose, la adicción al trabajo, con un aumento de la mala salud y una disminución en la satisfacción con la vida, además de que al tener menos tiempo se encuentra una mala calidad en la relación de pareja que crea conflictos.

En nuestro modelo predictivo utilizamos como indicadores: Personalidad, Engagement, Autoeficacia, ICO (componente Obsesivo-complusivo), Satisfacción con la Vida y Estilo de Vida. Utilizamos modelos de regresión lineal múltiple para probar los efectos sobre las cuatro variables criterio referentes a la Adicción al Trabajo. Los participantes fueron 513 trabajadores españoles en activo.

Las variables criterio utilizadas provienen de dos escalas de adicción, estas son el Workaholism Battery, en la versión adaptada al español por Boada-Grau, Prizmic-Kuzmica, Serrano-Fernández y Vigil-Colet (2013), que consta de dos factores: Driven y Work Enjoyment. La otra es la escala Dutch Work Addiction Scale (DUWAS) en la adaptación española realizada por Del Líbano, Llorens, Salanova y Schaufeli (2010), con una estructura bifactorial: Trabajo Excesivo y Trabajo Compulsivo.

Para determinar las variables predictivas se utilizaron los siguientes cuestionarios:  (1) OPERAS: Mide los cinco grandes factores de personalidad; (2) HPLP-II: Evalúa Responsabilidad hacia la salud, Actividad Física, Nutrición, Crecimiento espiritual y Relaciones interpersonales; (3) Satisfaction With Life Scale: Diagnostica la satisfacción con la vida; (4) Inventario de Creencias Obsesivas: Sólo se ha evaluado  el Perfeccionismo y la Responsabilidad excesiva; (5) General Self-Efficacy Scale: Indica la autoeficacia; y (6) UWES: evalúa el engagement  (Vigor, Dedicación y Absorción).

Los resultados obtenidos nos muestran que el Driven (o presión interna para trabajar) se predice de manera directa por el perfeccionismo, la absorción y el crecimiento y de manera inversa por la satisfacción con la vida, la amabilidad, la nutrición y la dedicación. Disfrutar en el trabajo (work enjoyment), puede predecirse directamente por la absorción, la responsabilidad hacia la salud, el crecimiento y la dedicación y de manera inversa por la nutrición, la apertura a la experiencia y la satisfacción con la vida.

Por otro lado, el trabajo excesivo, se predice directamente por la absorción, el perfeccionismo, la autoeficacia y la responsabilidad hacia la salud. Y de manera inversa con satisfacción con la vida, actividad física, estabilidad emocional y nutrición. Y trabajar compulsivamente, puede predecirse por el perfeccionismo, la absorción, la autoeficacia y el crecimiento. De manera inversa por la satisfacción con la vida, la estabilidad emocional, la dedicación y nutrición.

Estos datos nos proporcionan importantes implicaciones con respecto a la Adicción al Trabajo a considerar para una adecuada gestión de los recursos humanos dentro de las organizaciones. Entre ellas destacamos: la formación de los empleados en aspectos como responsabilidad hacia la salud, actividad física y nutrición, así como fomentar el crecimiento y las relaciones personales.

 

MAYO 2017

Conducta antisocial: conexión con bullying/cyberbullying y estrategias de resolución de conflictos
Antisocial behavior: Connection with bullying/cyberbullying and conflict resolution

 Maite Garaigordobil

 Facultad de Psicología, Universidad del País Vasco, España

 

El trabajo tuvo como objetivo explorar las relaciones que existen entre la conducta antisocial, la implicación en situaciones de bullying/cyberbullying y las estrategias de resolución de conflictos. La muestra estuvo constituida por 3,026participantes de 12 a 18años (48.5% varones, 51.5% mujeres), inscritos en centros públicos (45.6%) y privados (54.4%) del País Vasco. Con un diseño descriptivo y correlacional, se administraron 4 instrumentos de evaluación para medir las variables objeto de estudio (conducta antisocial, bullying/cyberbullying y resolución de conflictos). Los análisis correlacionales y de varianza confirmaron que los adolescentes y jóvenes de ambos sexos con altas puntuaciones en conducta antisocial estaban significativamente más implicados en situaciones de bullying y cyberbullying en todos sus roles (víctimas, agresores y observadores) y usaban significativamente más estrategias agresivas como técnica de resolución de conflictos interpersonales. El estudio identifica variables relevantes para el diseño de programas de intervención. La discusión gira en torno a la importancia de implementar programas psicoeducativos de prevención e intervención de la conducta antisocial, así como al papel de la familia y la sociedad.

El estudio tuvo como objetivos analizar la conexión de la conducta antisocial con la implicación en situaciones de bullying/cyberbullying (como víctima, agresor y observador) y con diferentes formas de resolver conflictos (cooperativa, agresiva y pasiva). Especialmente, la investigación se propone clarificar en qué medida los espectadores, los observadores de situaciones de acoso presencial y tecnológico, también tienen un mayor nivel de conducta antisocial y mayor uso de estrategias agresivas como técnica de resolución de conflictos interpersonales.

 

 

ABRIL 2017

Entrenamiento familiar en habilidades educativas para la prevención de las drogodependencias.

Enric Peláez Marcos (Psicólogo y Máster en Drogodependencias) |  Abril 2017

¿Les importan nuestras opiniones a nuestr@s hij@s?

Empezaré este artículo de opinión de la misma forma que suelo iniciar mis formaciones con (principalmente) madres y (algunos) padres:

A menudo realizamos en algunos municipios encuestas sobre uso de drogas en estudiantes de secundaria. Teniendo en cuenta la importancia que damos a la prevención familiar y a la eficacia disponible en este tipo de prevención, aprovechamos estas encuestas para preguntar a l@s estudiantes sobre su relación con sus padres, madres y/o tutores legales, sobre si est@s consumen tabaco u otras drogas, así como su grado de acuerdo con una cuestión que para nosotros es clave: “Si me emborrachase a mis padres les parecería mal”. De los que responden que están de acuerdo con esta afirmación vemos que aproximadamente un 25% se han emborrachado, es decir, aun teniendo clara la postura de sus padres ell@s han decidido, voluntaria o involuntariamente, saltarse los límites y recomendaciones establecidas en casa. Pero, cuando observamos qué ocurre en el otro extremo nos encontramos con que son aproximadamente un 75% de los que no están de acuerdo con esta afirmación los que se han emborrachado.

Estas diferencias cuantitativas, que se acentúan cuando nos referimos al consumo de cannabis, siempre me han parecido un gran punto de partida para iniciar un proceso de reflexión sobre el papel educativo de la familia. A menudo, cito literalmente a algunas de las madres con las que he podido trabajar, en casa tenemos la sensación que lo que decimos a nuestros hij@s les entra por una oreja y les sale por la otra. Pero aquí, ell@s mism@s nos responden que no, que no solo lo que decimos (y sobretodo hacemos) en casa es importante, sino que probablemente sea una de las variables más importante a la hora de predecir los consumos de nuestr@ hij@s.

Es importante destacar que no les preguntamos a l@s jóvenes sobre cuál fue la respuesta de sus progenitores la primera vez que se emborracharon, sino cuáles son sus expectativas sobre qué pasaría en casa si esto sucediera. Y para acompañar desde el ámbito familiar a nuestros hijos e hijas en la construcción de sus propias expectativas contamos con algunas importantes habilidades educativas: comunicación, establecimiento de normas y límites, supervisión, fortalecimiento de los vínculos entre padres/madres e hij@s y clarificación de la posición familiar respecto a las conductas problemáticas y de riesgo.

¿Y si yo fumo o bebo alcohol?

Los artículos de opinión de Juan Carlos Melero y David Pere Martínez Oró plantean un interesante debate sobre cómo pueden y/o deben actuar los padres y madres que han sido o son consumidores de drogas ilegales. Sobre esta cuestión, y complementando lo expuesto de forma tan clara por estos dos profesionales, me gustaría aportar mi pequeño granito de arena sobre la experiencia que ya tenemos con padres y madres que han sido o son consumidores de drogas legales.

¿Puede una madre fumadora pedirle a su hijo que no fume? ¿Es la mejor opción para esta madre dejar de fumar? La respuesta corta es sí (es la opción más efectiva y, si se me permite, también la más saludable para esta madre). Sobre el papel vemos claramente en las encuestas de las que hablaba al principio como fuman menos l@s hij@s de padres y madres no fumadores y fumadoras. Ahora bien, ¿es esta la única opción posible? Evidentemente no. No es lo mismo fumar cuando se está enfermo o encender un cigarrillo tras otro cuando estamos nervios@s que procurar salir al balcón para fumar cuando estamos en casa, no hacerlo dentro de un vehículo privado cuando nos acompañan menores o hacer uso de técnicas de relajación cuando las cargas vitales nos ahogan. Además, padres y madres fumadores siempre pueden intentar explicar a sus hij@s el proceso y los efectos de la dependencia del tabaco, cómo y por qué empezaron a fumar, y cómo, casi sin darse cuenta, quedaron enganchados al tabaco.

Encontramos una situación parecida en relación al consumo de alcohol. Probablemente recomendaremos a padres y madres consumidores que den muestras a sus hij@s de su autocontrol y de su capacidad para gestionar placeres y riesgos (beber sólo en ocasiones y sin excederse, utilizar el transporte público cuando se ha bebido, no insistir a los demás para que también beban, procurar tomar bebidas de poca graduación y alternarlas con bebidas que no lleven alcohol...).

Más importante que si fumamos y/o bebemos o no, es la manera en qué hacemos las cosas. Y en eso se fijaran nuestr@s hij@s. Nosotros les observamos a ell@s, pero ell@s también nos observan a nosotr@s. Independientemente de cuál sea nuestra propia visión sobre el consumo de drogas, importa que tengamos clara cuál sería la postura que nos gustaría que tomaran nuestr@s hij@s al respecto, y comportarnos en consonancia a nuestras propias expectativas.

Padres y madres tienen que llevar a cabo una importante acción educativa sobre sus hij@s, buena parte de la cual se basa en el ejercicio equilibrado de las funciones de apoyo y de control: amor y límites. Acompañarles emocionalmente en su camino hacia, como dice Villegas, la autonomía.

Apuntes para la esperanza. 

Para finalizar, un breve apunte sobre la eficacia de las intervenciones preventivas en el ámbito familiar (UNODC, 2013): son rentables, existen estudios que estiman que se pueden ahorrar hasta nueve dólares por cada dólar invertido en este tipo de prevención. Por eso, debemos invertir cada vez más esfuerzos en estrategias para promover la implicación y la participación de la familia en los programas preventivos (uno de los temas pendientes) y trabajar conjuntamente con ellas en pro de una sociedad más saludable, con independencia que existan o no consumos de drogas.

La familia puede influir en el consumo de drogas de sus hij@s porqué son las personas adultas de referencia y un modelo general de comportamiento. En concreto, en el ámbito de la prevención en drogas, la vinculación positiva con la familia, la cohesión familiar y la buena comunicación se han enfatizado como factores clave de las intervenciones preventivas. 

 

 

MARZO 2017

Menores, ni una gota. Más de cien razones para que un menor no beba alcohol.

Ramos-Paúl, R., Torres, L., 

Madrid, Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, 2014, 100 p. 

 A TU HIJO LE GUSTA:

Pertenecer a un grupo: “Los demás lo hacen ¿por qué yo no?” 1. Porque no vale todo para ser aceptado. 2. Porque eres menor y tienes que aprender a relacionarte sin consumir alcohol. 3. Porque hay amigos para todo y cuantas más cosas hagas, más gente conoces. 4. Porque pertenecer a un grupo no es convertirte en un borrego. 5. Porque para ligar no hace falta el alcohol. 6. Porque dentro del grupo hay que saber marcar la diferencia. 7. Porque hay que saber hacer amigos. (No sólo cómplices y/o compañeros). 8. Porque más vale caer en gracia que ser gracioso. 9. Porque un amigo no te pide que te tires al pozo por él. 10. Porque aceptar la crítica forma parte de las relaciones humanas y ayuda a madurar. 11. Porque ser distinto no es malo.

La diversión en el tiempo de ocio: “¿Por qué no, si es superdivertido?” 12. Porque hay muchas maneras de disfrutar en el tiempo libre. 13. Porque disfrutar es una actitud y depende de ti mismo. 14. Porque tienes que soportar el aburrimiento. 15. Porque no puedes confundir placer con felicidad. 16. Porque el botellón no es la única forma de quedar con tus amigos. 17. Porque te diviertes en familia cuando hacemos planes de ocio. 18. Porque compartimos aficiones y nos gusta. 19. Porque te he mostrado otras formas de divertirte. 20. Porque tu grupo de referencia no puede tener como único interés el consumo de alcohol. 21. Porque beber cuando eres menor puede meterte en problemas legales. 22. Porque tienes que saber que las expectativas hacia el alcohol no siempre son verdad. 23. Porque el tiempo es oro y no hay que desaprovecharlo.

El riesgo. “¿Por qué no puedo olvidarme de todo y sentirme bien un rato?” 24. Porque sentir emociones negativas te hace más inteligente. 25. Porque puedo enseñarte a subir la adrenalina.  26. Porque no puedes hacer sólo lo que le apetece. 27. Porque tienes que aprender a soportar tus emociones y no a escapar de ellas. 28. Porque el miedo solo se combate enfrentándolo. 29. Porque la ira se calma si uno quiere, no si uno la evade. 30. Porque tienes que aprender a medir los riesgos que quieres asumir. 31. Porque te puedo desmontar las opiniones e ideas equivocadas que escuchas sobre el alcohol y su consumo. 32. Porque el consumo afecta en mayor medida a tu organismo, que está aún por madurar. 33. Porque consumir alcohol siendo menor puede afectar a tu desarrollo. 34. Porque necesitas desarrollar la atención, la memoria y la capacidad de concentración. 35. Porque consumir alcohol si eres menor, disminuye tu rendimiento escolar. 36. Porque tienes que saber diferenciar cuando lo que escuchas es verdad y cuando te mienten. 37. Porque lo que haces ahora te pasará factura en el futuro. 38. Porque el poder reside en tu esfuerzo. 39. Porque el alcohol puede llegar a ser adictivo si realizas un consumo abusivo. 40. Porque no todos los que beben son alcohólicos, pero todos los alcohólicos empiezan bebiendo.

Sentirse único. “Soy más yo ¿por qué no voy a mostrárselo a los demás?” 41. Porque eres guay todos los días. 42. Porque vales por lo que eres y no por lo que haces. 43. Porque decir No es una habilidad fundamental y más cuando se dice en grupo. 44. Porque para ser tú mismo no necesitas más. 45. Porque quiero que te plantees qué te aporta beber. 46. Porque es la mejor forma de aprender a quererse. 47. Porque el mundo no siempre es de color de rosa. 48. Porque lo que te da el alcohol es efímero, pero lo que consigues por ti mismo es para toda la vida. 49. Porque aunque no lo creas, el que bebe y abusa “no controla”. 50. Porque hay otras formas de premiarse. 51. Porque no todo es blanco o negro y tienes que aprender a ver los grises. 52. Porque hasta la mayoría de edad tienes la obligación legal de no beber. Después serás tú quién decida.

A TU HIJO NO LE GUSTA:

Que le digan qué tiene que hacer: “¿Porque tú lo digas?” 53. Porque entiendo que eres rebelde por definición. 54. Porque no eres de mi propiedad, pero necesitas a tus padres. i 4 55. Porque te he dicho que no lo hagas. 56. Porque eres menor y yo tu figura de autoridad referente. 57. Porque los padres sí “controlamos”. 58. Porque no quiero estar permanentemente discutiendo contigo. 59. Porque necesitas desarrollar tu autocontrol a través del control que te planteo. 60. Porque caerte mal forma parte de mi función como padre. 61. Porque me fio de ti aunque no esté contigo. 62. Porque confías en mi y te sirvo de modelo. 63. Porque no me has visto abusar del alcohol, aunque sí hacer un consumo responsable. 64. Porque no he necesitado tener una copa delante cuando he hablado contigo. 65. Porque lo que ves en casa, es lo que espero que hagas fuera. 66. Porque quiero que aprendas a ser responsable. 67. Porque un padre vigila y un colega te entretiene. 68. Porque desarrollas formas alternativas de resolver conflictos. 69. Porque tienes que hacerte responsable de tus comportamientos.

Que le traten como a un niño: “¿Por qué no me tratas de tú a tú?” 70. Porque tenemos que aprender a consensuar en familia. 71. Porque tienes que comenzar a negociar. 72. Porque tenemos que ceder los dos. 73. Porque los sermones aburren y no enseñan. 74. Porque tengo que explicarte y tú entenderme. 75. Porque avergonzarte te pone en mi contra. 76. Porque tengo que empezar a verte como un adulto. 77. Porque te rebelas contra las imposiciones y las prohibiciones.

Que le fiscalicen: “¿Por qué tienes que estar encima de mí todo el santo día?” 78. Porque si me preocupo por ti, te sientes querido. 79. Porque tienes que salir, sin que a mi me dé un ataque de nervios. 80. Porque tengo que seguir educándote. 81. Porque ha llegado el momento de dejar que decidas, aunque te equivoques. 82. Porque me fio de lo que te he enseñado hasta ahora. 83. Porque no quiero convertirme en tu guardaespaldas. 84. Porque no quieres un poli en vez de un padre. 85. Porque tenerte como hijo no es una fuente de problemas, sino de satisfacciones. 86. Porque escucho tus motivos, pero eso no te da la razón. 87. Porque no quiero asustarte, quiero enseñarte. 88. Porque me recuerdas a mí cuando tenía tu edad.

Sentirse rechazo: “¿Por qué nadie me comprende y todo me sale mal?” 89. Porque ni tú ni yo somos perfectos. 90. Porque cuesta decir “lo siento”. 91. Porque a veces decimos cosas de las que nos arrepentimos. 92. Porque te estás definiendo como adulto y quiero apoyarte. 93. Porque tienes que aprender a tomar tus propias decisiones. 94. Porque sigo siendo el adulto que te sostiene cuando te equivocas. 95. Porque intento entenderte y acompañarte. 96. Porque no quiero aleccionarte, quiero que madures. 97. Porque haces cosas mal, pero no eres malo. 98. Porque equivocarse es de sabios. 99. Porque tienes muchas cosas que contar y yo muchas ganas de escucharte. 100. Porque encuentro miles de razones por las que me siento orgulloso de ti.

Razón 101. Porque no deseo para ti nada que pueda hacerte daño

 

ENERO 2017

ATENCION A LAS PERSONAS CON MALESTAR EMOCIONAL RELACIONADO CON CONDICIONANTES SOCIALES EN ATENCION PRIMARIA DE SALUD. 

Barcelona: Forum Catala dÁtencio Primaria, 2016

Castelló M, Fernández de Sanmamed MJ, García J, Mazo MV, Mendive JM, RicoM, Rovira A, Serrano E, Zapater F.

 

La salud de las personas se configura a partir de múltiples factores, la mayoria de los cuales son ajenos al sistema sanitario. Según el modelo propuesto por la Organización Mundial de la Salud (OMS) los determinantes de la salud más importantes son de naturaleza econó- mica y social, es decir, aquellas condiciones con las que las personas nacemos, crecemos, vivimos, trabajamos y envejecemos. La Comisión para Reducir las Desigualdades Sociales en Salud en España adoptó un marco conceptual para explicar los factores determinantes de las desigualdades en salud que distingue entre determinantes estructurales y determinantes intermedios, y establece unos ejes transversales de desigualdades que son: la clase social, el género, la etnia, la edad y el territorio. La OMS también ha identificado los diferentes determinantes de la salud mental: las condiciones sociales circunstanciales, el contexto social estructural y las características individuales. El período histórico que estamos viviendo se basa en procesos de transformación tecnológica y económica que afectan la estructura social y someten a las personas a tensiones. Es una transformación que tiene elementos específicos y diferenciados de épocas de cambio anteriores, debido a que emerge un nuevo paradigma basado en la tecnologia de la información y de la comunicación. A esta transformación social se ha añadido una recesión económica de proporciones y duración desconocidas hasta ahora. Como respuesta, en la mayoria de países europeos se han aplicado medidas de reducción del gasto público y reformas de los sistemas de protección social que no disminuyen los efectos de la crisis, más bien los empeoran. Una de las medidas más significativas ha sido la reducción notable de los presupuestos destinados a protección social y servicios sanitarios, acompañada de la privatización de la provisión de algunos servicios. Como consecuencia, se incrementan las desigualdades y empeoran las condiciones de vida de la población. El deterioro de las condiciones de vida, la precariedad y la pobreza repercuten en la salud de las personas, en especial de los colectivos con mayor riesgo de exclusión social. Pero no todas las personas afectadas por problemas sociales y económicos enferman ni presentan un sufrimiento emocional significativo. Los mecanismos individuales y colectivos para hacer frente a las adversidades estan funcionando y han permitido a muchas personas reorientar su vida y sus valores. La manera de afrontar los cambios tiene que ver con elementos ideológicos y culturales que conforman nuestra sociedad, con la relación individuo-sociedad, y con la respuesta subjetiva de los individuos a las agresiones sociales. De todas formas, hay personas que presentan un malestar emocional que les incapacita y los lleva a pedir ayuda al sistema de salud. El malestar subjetivo puede ser explicado por los mecanismos psicológicos relacionados con los conceptos de duelo, maltrato y victimización. Tradicionalmente, los servicios sanitarios han trabajado con una orientación hacia la enfermedad mental y no hacia la salud mental, hecho que ha dificultado la comprensión de los malestares y sufrimientos emocionales. Ello ha privado, en muchas ocasiones, poder realizar intervenciones adaptadas a cada paciente concreto. Resulta especialmente importante y criticable la ausencia de un abordaje psicosocial en la comprensión diagnóstica, así como la poca importancia que se da al conocimiento de la persona y de su entorno. Los profesionales de atención primaria atendemos una creciente demanda asistencial secundaria al malestar emocional relacionado con la realidad social, económica, familiar y geográfica que nos ha tocado vivir. Son muchos los motivos de consulta que se generan por el malestar de causa social: ansiedad, trastornos de conducta en niños y adultos, tristeza, demanda de atención psicológica especializada, fobias, temores o síntomas orgánicos. Estas personas buscan aliviar su malestar emocional. El médico y la enfermera de familia hemos de atender este tipo de demanda con un posicionamiento empático y comprensivo con su situación, ofreciendo ayuda para poder aligerar el malestar. Proponemos un marco conceptual en el que basar la interpretación y la intervención sobre el malestar en las consultas de atención primaria. Desde la interpre- 7 tación se considera que no existen enfermedades sino personas, con su subjetivdad, que otorgan significados a las vivencias. La idea de normalidad y de patología como elementos dicotómicos nos aleja de la comprensión de la complejidad del concepto de salud. La persona y su malestar se dan en un contexto determinado, configurado por el entorno socioeconómico y los recursos materiales, como son tener o no tener trabajo, las condiciones laborales y de vivienda, los ingresos económicos o el nivel educativo. La especificidad de los roles sociales según género impactan igualmente sobre la salud. Los vínculos familiares y sociales condicionan tanto las actitudes saludables como los sufrimientos. La atención individual deberá incorporar la visión familiar y la visión comunitaria. El enfoque de la intervención se acoge en el modelo salutogénico, que busca estrategias para identificar los aspectos saludables y los recursos propios de las personas, en vez de centrar el trabajo sobre sus aspectos menos sanos. La comprensión amplia del concepto de curar no se orienta a buscar la normalización, sino a desbloquear, aliviar y encontrar nuevas perspectivas. Más que poner la etiqueta adecuada para cada persona nos interesa contribuir a mejorar su estado y disminuir su sufrimiento. La etiqueta diagnóstica no es un objetivo, a pesar de que en ocasiones nos puede ayudar a comprender lo que está pasando. Uno de los valores principales de la relación asistencial es el respeto a la autonomía de las personas, con sus valores, preferencias y creencias. La toma de decisiones compartidas es una manera de potenciar su autonomía. Las herramientas para el abordaje del sufrimiento emocional, que se proponen en este documento, están al alcance de los profesionales de atención primaria y contienen enfoques y métodos propios. Algunas de ellas las utilizamos habitualmente sin ser conscientes de que se tratan de intervenciones de apoyo psicológico. Entre las herramientas básicas se incluyen: la escucha activa y empática, el vínculo asistencial, la entrevista clínica, la exploración física y la contención terapéutica. Todas ellas conectadas con elementos esenciales de nuestro trabajo com son la centralidad de la persona atendida y la habilidad comunicativa. Se referieren también otras formas estructuradas de apoyo psicológico como son la entrevista motivacional y la técnica BATHE. Entre las herramientas que podemos considerar más nuevas y específicas se han incluído: la medicina narrativa, la indicación de no-tratamiento, la prescripción social y las intervenciones grupales. La medicina narrativa nos permite una comprensión más profunda de las vivencias a través de las historias que nos explican las personas, así como encontrar explicaciones y dar coherencia y significado a sus experiencias. Interpretar y acompañar las narrativas es un acto terapéutico. La indicación de no-tratamiento es una de las intervenciones más representativas de la prevención cuaternaria en salud mental. Está basada en la ética de la negativa y la ética de la ignorancia. Se trata de una herramienta bien estructurada. La prescripción social es un concepto relativamente nuevo que se ha aplicado, sobretodo, en el mundo anglosajón. Hace referencia a la capacidad que tiene el sistema de salud de promover el acceso a recursos de apoyo de la comunidad para atender problemas socioeconómicos, psicológicos y malestares emocionales diversos. Es una manera formal de establecer vínculos entre individuo y sociedad. Las intervenciones grupales han sido utilizadas por los profesionales de atención primaria, en alguna de sus formas, desde hace tiempo.