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En este apartado os recomiendo las siguientes lecturas:

 

MAYO 2017

Entrenamiento familiar en habilidades educativas para la prevención de las drogodependencias.

Enric Peláez Marcos (Psicólogo y Máster en Drogodependencias) |  Abril 2017

¿Les importan nuestras opiniones a nuestr@s hij@s?

Empezaré este artículo de opinión de la misma forma que suelo iniciar mis formaciones con (principalmente) madres y (algunos) padres:

A menudo realizamos en algunos municipios encuestas sobre uso de drogas en estudiantes de secundaria. Teniendo en cuenta la importancia que damos a la prevención familiar y a la eficacia disponible en este tipo de prevención, aprovechamos estas encuestas para preguntar a l@s estudiantes sobre su relación con sus padres, madres y/o tutores legales, sobre si est@s consumen tabaco u otras drogas, así como su grado de acuerdo con una cuestión que para nosotros es clave: “Si me emborrachase a mis padres les parecería mal”. De los que responden que están de acuerdo con esta afirmación vemos que aproximadamente un 25% se han emborrachado, es decir, aun teniendo clara la postura de sus padres ell@s han decidido, voluntaria o involuntariamente, saltarse los límites y recomendaciones establecidas en casa. Pero, cuando observamos qué ocurre en el otro extremo nos encontramos con que son aproximadamente un 75% de los que no están de acuerdo con esta afirmación los que se han emborrachado.

Estas diferencias cuantitativas, que se acentúan cuando nos referimos al consumo de cannabis, siempre me han parecido un gran punto de partida para iniciar un proceso de reflexión sobre el papel educativo de la familia. A menudo, cito literalmente a algunas de las madres con las que he podido trabajar, en casa tenemos la sensación que lo que decimos a nuestros hij@s les entra por una oreja y les sale por la otra. Pero aquí, ell@s mism@s nos responden que no, que no solo lo que decimos (y sobretodo hacemos) en casa es importante, sino que probablemente sea una de las variables más importante a la hora de predecir los consumos de nuestr@ hij@s.

Es importante destacar que no les preguntamos a l@s jóvenes sobre cuál fue la respuesta de sus progenitores la primera vez que se emborracharon, sino cuáles son sus expectativas sobre qué pasaría en casa si esto sucediera. Y para acompañar desde el ámbito familiar a nuestros hijos e hijas en la construcción de sus propias expectativas contamos con algunas importantes habilidades educativas: comunicación, establecimiento de normas y límites, supervisión, fortalecimiento de los vínculos entre padres/madres e hij@s y clarificación de la posición familiar respecto a las conductas problemáticas y de riesgo.

¿Y si yo fumo o bebo alcohol?

Los artículos de opinión de Juan Carlos Melero y David Pere Martínez Oró plantean un interesante debate sobre cómo pueden y/o deben actuar los padres y madres que han sido o son consumidores de drogas ilegales. Sobre esta cuestión, y complementando lo expuesto de forma tan clara por estos dos profesionales, me gustaría aportar mi pequeño granito de arena sobre la experiencia que ya tenemos con padres y madres que han sido o son consumidores de drogas legales.

¿Puede una madre fumadora pedirle a su hijo que no fume? ¿Es la mejor opción para esta madre dejar de fumar? La respuesta corta es sí (es la opción más efectiva y, si se me permite, también la más saludable para esta madre). Sobre el papel vemos claramente en las encuestas de las que hablaba al principio como fuman menos l@s hij@s de padres y madres no fumadores y fumadoras. Ahora bien, ¿es esta la única opción posible? Evidentemente no. No es lo mismo fumar cuando se está enfermo o encender un cigarrillo tras otro cuando estamos nervios@s que procurar salir al balcón para fumar cuando estamos en casa, no hacerlo dentro de un vehículo privado cuando nos acompañan menores o hacer uso de técnicas de relajación cuando las cargas vitales nos ahogan. Además, padres y madres fumadores siempre pueden intentar explicar a sus hij@s el proceso y los efectos de la dependencia del tabaco, cómo y por qué empezaron a fumar, y cómo, casi sin darse cuenta, quedaron enganchados al tabaco.

Encontramos una situación parecida en relación al consumo de alcohol. Probablemente recomendaremos a padres y madres consumidores que den muestras a sus hij@s de su autocontrol y de su capacidad para gestionar placeres y riesgos (beber sólo en ocasiones y sin excederse, utilizar el transporte público cuando se ha bebido, no insistir a los demás para que también beban, procurar tomar bebidas de poca graduación y alternarlas con bebidas que no lleven alcohol...).

Más importante que si fumamos y/o bebemos o no, es la manera en qué hacemos las cosas. Y en eso se fijaran nuestr@s hij@s. Nosotros les observamos a ell@s, pero ell@s también nos observan a nosotr@s. Independientemente de cuál sea nuestra propia visión sobre el consumo de drogas, importa que tengamos clara cuál sería la postura que nos gustaría que tomaran nuestr@s hij@s al respecto, y comportarnos en consonancia a nuestras propias expectativas.

Padres y madres tienen que llevar a cabo una importante acción educativa sobre sus hij@s, buena parte de la cual se basa en el ejercicio equilibrado de las funciones de apoyo y de control: amor y límites. Acompañarles emocionalmente en su camino hacia, como dice Villegas, la autonomía.

Apuntes para la esperanza. 

Para finalizar, un breve apunte sobre la eficacia de las intervenciones preventivas en el ámbito familiar (UNODC, 2013): son rentables, existen estudios que estiman que se pueden ahorrar hasta nueve dólares por cada dólar invertido en este tipo de prevención. Por eso, debemos invertir cada vez más esfuerzos en estrategias para promover la implicación y la participación de la familia en los programas preventivos (uno de los temas pendientes) y trabajar conjuntamente con ellas en pro de una sociedad más saludable, con independencia que existan o no consumos de drogas.

La familia puede influir en el consumo de drogas de sus hij@s porqué son las personas adultas de referencia y un modelo general de comportamiento. En concreto, en el ámbito de la prevención en drogas, la vinculación positiva con la familia, la cohesión familiar y la buena comunicación se han enfatizado como factores clave de las intervenciones preventivas. 

 

 

MARZO 2017

Ramos-Paúl, R.Torres, L.Menores, ni una gota. Más de cien razones para que un menor no beba alcohol.Madrid, Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, 2014, 100 p. 

 A TU HIJO LE GUSTA:

Pertenecer a un grupo: “Los demás lo hacen ¿por qué yo no?” 1. Porque no vale todo para ser aceptado. 2. Porque eres menor y tienes que aprender a relacionarte sin consumir alcohol. 3. Porque hay amigos para todo y cuantas más cosas hagas, más gente conoces. 4. Porque pertenecer a un grupo no es convertirte en un borrego. 5. Porque para ligar no hace falta el alcohol. 6. Porque dentro del grupo hay que saber marcar la diferencia. 7. Porque hay que saber hacer amigos. (No sólo cómplices y/o compañeros). 8. Porque más vale caer en gracia que ser gracioso. 9. Porque un amigo no te pide que te tires al pozo por él. 10. Porque aceptar la crítica forma parte de las relaciones humanas y ayuda a madurar. 11. Porque ser distinto no es malo.

La diversión en el tiempo de ocio: “¿Por qué no, si es superdivertido?” 12. Porque hay muchas maneras de disfrutar en el tiempo libre. 13. Porque disfrutar es una actitud y depende de ti mismo. 14. Porque tienes que soportar el aburrimiento. 15. Porque no puedes confundir placer con felicidad. 16. Porque el botellón no es la única forma de quedar con tus amigos. 17. Porque te diviertes en familia cuando hacemos planes de ocio. 18. Porque compartimos aficiones y nos gusta. 19. Porque te he mostrado otras formas de divertirte. 20. Porque tu grupo de referencia no puede tener como único interés el consumo de alcohol. 21. Porque beber cuando eres menor puede meterte en problemas legales. 22. Porque tienes que saber que las expectativas hacia el alcohol no siempre son verdad. 23. Porque el tiempo es oro y no hay que desaprovecharlo.

El riesgo. “¿Por qué no puedo olvidarme de todo y sentirme bien un rato?” 24. Porque sentir emociones negativas te hace más inteligente. 25. Porque puedo enseñarte a subir la adrenalina.  26. Porque no puedes hacer sólo lo que le apetece. 27. Porque tienes que aprender a soportar tus emociones y no a escapar de ellas. 28. Porque el miedo solo se combate enfrentándolo. 29. Porque la ira se calma si uno quiere, no si uno la evade. 30. Porque tienes que aprender a medir los riesgos que quieres asumir. 31. Porque te puedo desmontar las opiniones e ideas equivocadas que escuchas sobre el alcohol y su consumo. 32. Porque el consumo afecta en mayor medida a tu organismo, que está aún por madurar. 33. Porque consumir alcohol siendo menor puede afectar a tu desarrollo. 34. Porque necesitas desarrollar la atención, la memoria y la capacidad de concentración. 35. Porque consumir alcohol si eres menor, disminuye tu rendimiento escolar. 36. Porque tienes que saber diferenciar cuando lo que escuchas es verdad y cuando te mienten. 37. Porque lo que haces ahora te pasará factura en el futuro. 38. Porque el poder reside en tu esfuerzo. 39. Porque el alcohol puede llegar a ser adictivo si realizas un consumo abusivo. 40. Porque no todos los que beben son alcohólicos, pero todos los alcohólicos empiezan bebiendo.

Sentirse único. “Soy más yo ¿por qué no voy a mostrárselo a los demás?” 41. Porque eres guay todos los días. 42. Porque vales por lo que eres y no por lo que haces. 43. Porque decir No es una habilidad fundamental y más cuando se dice en grupo. 44. Porque para ser tú mismo no necesitas más. 45. Porque quiero que te plantees qué te aporta beber. 46. Porque es la mejor forma de aprender a quererse. 47. Porque el mundo no siempre es de color de rosa. 48. Porque lo que te da el alcohol es efímero, pero lo que consigues por ti mismo es para toda la vida. 49. Porque aunque no lo creas, el que bebe y abusa “no controla”. 50. Porque hay otras formas de premiarse. 51. Porque no todo es blanco o negro y tienes que aprender a ver los grises. 52. Porque hasta la mayoría de edad tienes la obligación legal de no beber. Después serás tú quién decida.

A TU HIJO NO LE GUSTA:

Que le digan qué tiene que hacer: “¿Porque tú lo digas?” 53. Porque entiendo que eres rebelde por definición. 54. Porque no eres de mi propiedad, pero necesitas a tus padres. i 4 55. Porque te he dicho que no lo hagas. 56. Porque eres menor y yo tu figura de autoridad referente. 57. Porque los padres sí “controlamos”. 58. Porque no quiero estar permanentemente discutiendo contigo. 59. Porque necesitas desarrollar tu autocontrol a través del control que te planteo. 60. Porque caerte mal forma parte de mi función como padre. 61. Porque me fio de ti aunque no esté contigo. 62. Porque confías en mi y te sirvo de modelo. 63. Porque no me has visto abusar del alcohol, aunque sí hacer un consumo responsable. 64. Porque no he necesitado tener una copa delante cuando he hablado contigo. 65. Porque lo que ves en casa, es lo que espero que hagas fuera. 66. Porque quiero que aprendas a ser responsable. 67. Porque un padre vigila y un colega te entretiene. 68. Porque desarrollas formas alternativas de resolver conflictos. 69. Porque tienes que hacerte responsable de tus comportamientos.

Que le traten como a un niño: “¿Por qué no me tratas de tú a tú?” 70. Porque tenemos que aprender a consensuar en familia. 71. Porque tienes que comenzar a negociar. 72. Porque tenemos que ceder los dos. 73. Porque los sermones aburren y no enseñan. 74. Porque tengo que explicarte y tú entenderme. 75. Porque avergonzarte te pone en mi contra. 76. Porque tengo que empezar a verte como un adulto. 77. Porque te rebelas contra las imposiciones y las prohibiciones.

Que le fiscalicen: “¿Por qué tienes que estar encima de mí todo el santo día?” 78. Porque si me preocupo por ti, te sientes querido. 79. Porque tienes que salir, sin que a mi me dé un ataque de nervios. 80. Porque tengo que seguir educándote. 81. Porque ha llegado el momento de dejar que decidas, aunque te equivoques. 82. Porque me fio de lo que te he enseñado hasta ahora. 83. Porque no quiero convertirme en tu guardaespaldas. 84. Porque no quieres un poli en vez de un padre. 85. Porque tenerte como hijo no es una fuente de problemas, sino de satisfacciones. 86. Porque escucho tus motivos, pero eso no te da la razón. 87. Porque no quiero asustarte, quiero enseñarte. 88. Porque me recuerdas a mí cuando tenía tu edad.

Sentirse rechazo: “¿Por qué nadie me comprende y todo me sale mal?” 89. Porque ni tú ni yo somos perfectos. 90. Porque cuesta decir “lo siento”. 91. Porque a veces decimos cosas de las que nos arrepentimos. 92. Porque te estás definiendo como adulto y quiero apoyarte. 93. Porque tienes que aprender a tomar tus propias decisiones. 94. Porque sigo siendo el adulto que te sostiene cuando te equivocas. 95. Porque intento entenderte y acompañarte. 96. Porque no quiero aleccionarte, quiero que madures. 97. Porque haces cosas mal, pero no eres malo. 98. Porque equivocarse es de sabios. 99. Porque tienes muchas cosas que contar y yo muchas ganas de escucharte. 100. Porque encuentro miles de razones por las que me siento orgulloso de ti.

Razón 101. Porque no deseo para ti nada que pueda hacerte daño

 

ENERO 2017

ATENCION A LAS PERSONAS CON MALESTAR EMOCIONAL RELACIONADO CON CONDICIONANTES SOCIALES EN ATENCION PRIMARIA DE SALUD. (Barcelona: Forum Catala dÁtencio Primaria, 2016)

Castelló M, Fernández de Sanmamed MJ, García J, Mazo MV, Mendive JM, Rico M, Rovira A, Serrano E, Zapater F.

 

 

La salud de las personas se configura a partir de múltiples factores, la mayoria de los cuales son ajenos al sistema sanitario. Según el modelo propuesto por la Organización Mundial de la Salud (OMS) los determinantes de la salud más importantes son de naturaleza econó- mica y social, es decir, aquellas condiciones con las que las personas nacemos, crecemos, vivimos, trabajamos y envejecemos. La Comisión para Reducir las Desigualdades Sociales en Salud en España adoptó un marco conceptual para explicar los factores determinantes de las desigualdades en salud que distingue entre determinantes estructurales y determinantes intermedios, y establece unos ejes transversales de desigualdades que son: la clase social, el género, la etnia, la edad y el territorio. La OMS también ha identificado los diferentes determinantes de la salud mental: las condiciones sociales circunstanciales, el contexto social estructural y las características individuales. El período histórico que estamos viviendo se basa en procesos de transformación tecnológica y económica que afectan la estructura social y someten a las personas a tensiones. Es una transformación que tiene elementos específicos y diferenciados de épocas de cambio anteriores, debido a que emerge un nuevo paradigma basado en la tecnologia de la información y de la comunicación. A esta transformación social se ha añadido una recesión económica de proporciones y duración desconocidas hasta ahora. Como respuesta, en la mayoria de países europeos se han aplicado medidas de reducción del gasto público y reformas de los sistemas de protección social que no disminuyen los efectos de la crisis, más bien los empeoran. Una de las medidas más significativas ha sido la reducción notable de los presupuestos destinados a protección social y servicios sanitarios, acompañada de la privatización de la provisión de algunos servicios. Como consecuencia, se incrementan las desigualdades y empeoran las condiciones de vida de la población. El deterioro de las condiciones de vida, la precariedad y la pobreza repercuten en la salud de las personas, en especial de los colectivos con mayor riesgo de exclusión social. Pero no todas las personas afectadas por problemas sociales y económicos enferman ni presentan un sufrimiento emocional significativo. Los mecanismos individuales y colectivos para hacer frente a las adversidades estan funcionando y han permitido a muchas personas reorientar su vida y sus valores. La manera de afrontar los cambios tiene que ver con elementos ideológicos y culturales que conforman nuestra sociedad, con la relación individuo-sociedad, y con la respuesta subjetiva de los individuos a las agresiones sociales. De todas formas, hay personas que presentan un malestar emocional que les incapacita y los lleva a pedir ayuda al sistema de salud. El malestar subjetivo puede ser explicado por los mecanismos psicológicos relacionados con los conceptos de duelo, maltrato y victimización. Tradicionalmente, los servicios sanitarios han trabajado con una orientación hacia la enfermedad mental y no hacia la salud mental, hecho que ha dificultado la comprensión de los malestares y sufrimientos emocionales. Ello ha privado, en muchas ocasiones, poder realizar intervenciones adaptadas a cada paciente concreto. Resulta especialmente importante y criticable la ausencia de un abordaje psicosocial en la comprensión diagnóstica, así como la poca importancia que se da al conocimiento de la persona y de su entorno. Los profesionales de atención primaria atendemos una creciente demanda asistencial secundaria al malestar emocional relacionado con la realidad social, económica, familiar y geográfica que nos ha tocado vivir. Son muchos los motivos de consulta que se generan por el malestar de causa social: ansiedad, trastornos de conducta en niños y adultos, tristeza, demanda de atención psicológica especializada, fobias, temores o síntomas orgánicos. Estas personas buscan aliviar su malestar emocional. El médico y la enfermera de familia hemos de atender este tipo de demanda con un posicionamiento empático y comprensivo con su situación, ofreciendo ayuda para poder aligerar el malestar. Proponemos un marco conceptual en el que basar la interpretación y la intervención sobre el malestar en las consultas de atención primaria. Desde la interpre- 7 tación se considera que no existen enfermedades sino personas, con su subjetivdad, que otorgan significados a las vivencias. La idea de normalidad y de patología como elementos dicotómicos nos aleja de la comprensión de la complejidad del concepto de salud. La persona y su malestar se dan en un contexto determinado, configurado por el entorno socioeconómico y los recursos materiales, como son tener o no tener trabajo, las condiciones laborales y de vivienda, los ingresos económicos o el nivel educativo. La especificidad de los roles sociales según género impactan igualmente sobre la salud. Los vínculos familiares y sociales condicionan tanto las actitudes saludables como los sufrimientos. La atención individual deberá incorporar la visión familiar y la visión comunitaria. El enfoque de la intervención se acoge en el modelo salutogénico, que busca estrategias para identificar los aspectos saludables y los recursos propios de las personas, en vez de centrar el trabajo sobre sus aspectos menos sanos. La comprensión amplia del concepto de curar no se orienta a buscar la normalización, sino a desbloquear, aliviar y encontrar nuevas perspectivas. Más que poner la etiqueta adecuada para cada persona nos interesa contribuir a mejorar su estado y disminuir su sufrimiento. La etiqueta diagnóstica no es un objetivo, a pesar de que en ocasiones nos puede ayudar a comprender lo que está pasando. Uno de los valores principales de la relación asistencial es el respeto a la autonomía de las personas, con sus valores, preferencias y creencias. La toma de decisiones compartidas es una manera de potenciar su autonomía. Las herramientas para el abordaje del sufrimiento emocional, que se proponen en este documento, están al alcance de los profesionales de atención primaria y contienen enfoques y métodos propios. Algunas de ellas las utilizamos habitualmente sin ser conscientes de que se tratan de intervenciones de apoyo psicológico. Entre las herramientas básicas se incluyen: la escucha activa y empática, el vínculo asistencial, la entrevista clínica, la exploración física y la contención terapéutica. Todas ellas conectadas con elementos esenciales de nuestro trabajo com son la centralidad de la persona atendida y la habilidad comunicativa. Se referieren también otras formas estructuradas de apoyo psicológico como son la entrevista motivacional y la técnica BATHE. Entre las herramientas que podemos considerar más nuevas y específicas se han incluído: la medicina narrativa, la indicación de no-tratamiento, la prescripción social y las intervenciones grupales. La medicina narrativa nos permite una comprensión más profunda de las vivencias a través de las historias que nos explican las personas, así como encontrar explicaciones y dar coherencia y significado a sus experiencias. Interpretar y acompañar las narrativas es un acto terapéutico. La indicación de no-tratamiento es una de las intervenciones más representativas de la prevención cuaternaria en salud mental. Está basada en la ética de la negativa y la ética de la ignorancia. Se trata de una herramienta bien estructurada. La prescripción social es un concepto relativamente nuevo que se ha aplicado, sobretodo, en el mundo anglosajón. Hace referencia a la capacidad que tiene el sistema de salud de promover el acceso a recursos de apoyo de la comunidad para atender problemas socioeconómicos, psicológicos y malestares emocionales diversos. Es una manera formal de establecer vínculos entre individuo y sociedad. Las intervenciones grupales han sido utilizadas por los profesionales de atención primaria, en alguna de sus formas, desde hace tiempo.